Una biotecnóloga en apuros

Mi nombre es Jimena Álvarez y estudié Biotecnología en la Universidad de Oviedo. Entre los motivos por los que decidí escoger esta carrera estaba su versatilidad, ya que abarca desde fundamentos avanzados de fisiología humana hasta ingeniería ambiental, pasando por el mundo de la informática.

Sin embargo, como la mayoría de estudiantes de biotecnología, al acabar la carrera no tenía claro por donde seguir. A pesar de que la biotecnología juega un papel cada vez más importante en nuestra sociedad, siendo el sector industrial que más invierte en I+D en España, con casi 770 millones de euros, en la universidad poco se habla de alternativas que no sean la investigación o la docencia.

La realidad es que ser investigador en España es un camino duro, muy competitivo y en la mayoría de los casos precario, que yo personalmente no estaba dispuesta a seguir. ¿Y entonces qué? Esa es la pregunta del millón que se hacen tanto aquellos a los que les gusta la ciencia, pero no la investigación, como aquellos a los que les encantaría investigar, pero no en esas condiciones. Es entonces cuando la mayoría nos planteamos acceder al sector industrial, pero la realidad es que no sabemos ni por dónde empezar.

Es una pena que la universidad y la empresa sigan siendo mundos totalmente aislados el uno del otro, y que los/as jóvenes nos pasemos 4 años de media estudiando para entrar de lleno en un mundo laboral para el que no estamos preparados.

Una vez graduada, tenía claro que mi futuro estaba en la industria. Aun así, necesitaba encontrar tanto el perfil que mejor se adaptaba a mis gustos e intereses, como el ámbito en el que me gustaría trabajar. Por ello decidí hacer un máster en Biología y Clínica del Cáncer en la Universidad de Salamanca, donde pude descubrir más a fondo la investigación contra el cáncer y sus tratamientos, y en particular, la inmunoterapia.

“Sonaba demasiado bien para ser verdad, pero no tenía nada que perder. Y entonces dije, ¿por qué no? Preparé una buena carta de presentación y apliqué.”

Me di cuenta entonces que la investigación es fundamental para el avance científico y el desarrollo de la sociedad, pero que necesita una fuerte colaboración con la industria, donde se encuentran perfiles muy diversos, en gran parte desconocidos para recién graduados. Por ello, empecé a buscar oportunidades en la industria biotecnológica/farmacéutica, tanto en España como en el extranjero.

En plena búsqueda, un amigo (gracias Javi) me pasó un link con posiciones abiertas para hacer un doctorado dentro de un proyecto europeo enfocado al desarrollo y búsqueda de nuevas dianas de inmunoterapia. El tema me fascinaba, pero entonces pensé: “Otra oferta de doctorado precario más”. Tras leer detenidamente la descripción, el programa ofrecía un contrato estable, unas buenas condiciones laborales y sobre todo la oportunidad de seguir formándome durante unos años en el campo donde me gustaría enfocar mi futuro profesional. Todo ello con un carácter internacional e industrial, ya que mitad del proyecto se desarrolla en una Start-up biotecnológica en Berlín mientras que la otra mitad se lleva a cabo en el hospital universitario de una universidad holandesa. Sonaba demasiado bien para ser verdad, pero no tenía nada que perder. Y entonces dije, ¿por qué no? Preparé una buena carta de presentación y apliqué.

Tres meses más tarde, estaba preparando las maletas para mudarme a Berlín y empezar mi tesis en una empresa. Ocho meses después puedo decir que es una de las mejores decisiones que he tomado.

No ha sido fácil, dejar a tu gente querida atrás. Ojalá en España pudiera haber encontrado una oportunidad así. A día de hoy puedo decir que estoy investigando sobre algo que me gusta, y me siento valorada por ello. Obviamente, no todo es del color rosa, el proyecto es un reto diario pero que afronto con muchas ganas e ilusión. Al fin y al cabo, el mundo de la ciencia es así. Creo que las aptitudes y actitudes que uno desarrolla durante un doctorado son muy beneficiosas, tanto a nivel personal como profesional. Los doctores en ciencias biomédicas son un perfil puente clave entre la investigación y la industria.

Confío en poder regresar a España para poder seguir aportando mi granito de arena. En los últimos meses el mundo ha sufrido una pandemia mundial que ha puesto en evidencia el papel clave que juega la ciencia en el bienestar y el futuro de un país. Si le tuviera que decir algo a mi yo, recién graduada, es que quizá las cosas no sean tan ideales como nos imaginamos durante la carrera, y que lo realmente difícil empieza después. Difícil pero no imposible, porque con ganas y perseverancia todo acaba saliendo, solo hay que descubrir que es lo que uno quiere e ir a por ello.

Ojalá en un futuro no muy lejano los/las jóvenes puedan dedicarse a la investigación sin tener que escuchar palabras como “inestabilidad”, “precariedad” o “emigración”. Mientras tanto, yo les digo que si se quiere se puede. Existen alternativas muy atractivas como las becas Marie Skłodowska-Curie y que quien la sigue la consigue, eso siempre.

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